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Artículo del mes: Prácticas para la equidad de género en el aula: una mirada hacia la integridad de las estudiantes

La temática de la equidad de género se ha instalado como un nuevo desafío para los docentes de los distintos niveles educativos y disciplinas. Así lo expresa por ejemplo Alejandra Mizala (2018) en su artículo “Género, cultura y desempeño en Matemática” en donde señala que: “En el 2014 en los países que pertenecen a la OECD solo uno de cada cuatro estudiantes en primer año de ingeniería era mujer, lo que representa el 24%, mientras que el 37% de los estudiantes de primer año en ciencias, matemáticas e informática era mujer […]” (p.127). Si nos preguntamos el porqué de esta realidad, las investigaciones han descartado que se trate de diferencias en las capacidades intelectuales entre hombres y mujeres (Hyde et. al., 2006; Kersey et. al., 2018). Esto más bien estaría relacionado con diferencias socioculturales y discriminatorias hacia las mujeres durante la educación formal, perpetuándose incluso en el mundo profesional.

Nos preguntamos entonces, ¿qué prácticas podemos llevar a cabo en el aula para disminuir la brecha que se ha generado entre estudiantes mujeres y hombres? En esta ocasión los investigadores Akira Miyake y colaboradores (2010) de la Universidad de Colorado y Stanford en el artículo “Reducing the gender achievement gap in College Science: a classrooom study of values affirmation”, de la revista electrónica Science, nos muestran una interesante alternativa. A continuación un esquema de las principales ideas que el estudio nos entrega:

 Principios 2

 

En definitiva el estudio se basa en dos principios: Las personas presentan una motivación fundamental por mantener su autointegridad, y el sentido de pertenencia a un grupo representa una importante fuente de integridad. De esta forma, en un contexto discriminatorio para un determinado grupo, el refuerzo de la autointegridad de los estudiantes que sienten que pertenecen a él, protege su autoconcepto y les entrega herramientas para aliviar el estrés producido en ese ambiente (Cohen et. al, 2006). A continuación las características del curso (muestra) y los detalles de la intervención:

Datos cursoIntervención

 

 

Los resultados de este estudio demuestran que otorgarles la oportunidad a los y las estudiantes de reflexionar sobre las creencias fundamentales respecto al valor de su propia persona, es capaz de disminuir la brecha de género histórica, en el desempeño académico entre hombres y mujeres en un 61% para el examen final, y 100% en la prueba estandarizada, que se rindieron en el curso. Por otro lado, esta mejora es considerablemente mayor en el subgrupo de estudiantes mujeres que asumen como verdaderos los estereotipos asociados al género, en ciencias (Miyake et. al., 2010). 

 

Considerando estos resultados y que pareciera ser que las metodologías de aprendizaje activo por sí solas no aseguran que las y los estudiantes reciban las mismas oportunidades para aprender, se proponen algunas prácticas a desarrollar en el aula:

 

-Implementar instancias para reflexionar sobre el valor y dignidad de las personas, ya que estas permitirían empoderar a las estudiantes de manera que sean ellas mismas las que puedan sobrepasar obstáculos relacionadas a las situaciones discriminadoras que viven diariamente, y para hacer consciente al estudiantado sobre lo que realmente es importante de considerar respecto a las personas.

 

-Los perfiles de egreso e Impronta UC representan un recurso relevante para explicitar y abordar objetivos de aprendizajes en los cursos relacionados con virtudes y valores.

 

-Los estereotipos ayudan a categorizar a las personas, lo cual se traduce en una economía cognitiva, pero no representan una buena fuente de evidencia para tomar decisiones pedagógicas en el aula, pues su activación en las estudiantes restringen sus posibilidades de obtener un buen desempeño académico.

 

-Las y los docentes pueden modelar el respeto por todas las personas presentes en su clase haciendo uso de un lenguaje inclusivo y diseñando actividades donde se eliminen las barreras que puedan impedir la participación de algunos o algunas estudiantes. Por ejemplo: intencionando la instrucción entre pares, quiebres activos, aprendizaje basado en equipo, etc. En este último aspecto, sería óptimo que las y los docentes gestionen la formación de los grupos con el fin de que queden integrados por una diversidad de estudiantes que les permita interactuar entre sí.  

 

Finalmente, parece relevante que para ser promotores del cambio es necesario preguntarnos sobre qué tan correctas y justas son para las estudiantes nuestras prácticas diarias dentro de la sala de clases, y cuál es el mensaje que estamos transmitiendo en nuestros cursos. En este sentido, ¿estamos reforzando la confianza de los hombres en desmedro de las mujeres?, ¿cómo estamos potenciando su autointegridad por igual?, ¿las expectativas que tenemos son las mismas para mis estudiantes hombres y mujeres? Son interrogantes que podrían estar en nuestra permanente reflexión docente y, sobre todo, tener en cuenta los efectos negativos que podría tener el hecho de basar nuestras decisiones pedagógicas en estereotipos de género.

 

 

Referencias

 

 

Cohen, Geofrey L. et al. (2006). Reducing the racial achievement gap: a social-physocological intervention. Science, 313, 1307-1310.

Hyde, J. S., & Linn, M. C. (2006). Gender similarities in mathematics and science. Science314(5799), 599-600.

Kersey, A. J., Braham, E. J., Csumitta, K. D., Libertus, M. E., & Cantlon, J. F. (2018). No intrinsic gender differences in children’s earliest numerical abilities. npj Science of Learning3(1), 12.

Miyake, A., Kost-Smith, L., Finkelstein, N., Pollock, S., Cohen, G. & Ito, A. (2010). Reducing the gender achievement gap in college science: a classroom study of values affirmation. SCIENCE, 330, 1234-1237.

Mizala, A. (2018). Género, Cultura y Desempeño en Matemáticas. ANALES, 14, 127-150.