Relevando el rol de las emociones en el proceso de enseñanza-aprendizaje:“Inteligencia emocional del docente y satisfacción académica del estudiante universitario”

El impacto de las buenas prácticas de enseñanza aprendizaje en el estudiantado ha sido largamente estudiado durante los últimos años, y gracias a las evidencias de las y los investigadores en educación sabemos que el foco de esta disciplina es brindar experiencias significativas de aprendizaje en las personas a través de una enseñanza con sentido, la cual contempla no solo el desarrollo de aprendizajes sino que también el de las emociones.

El estudiantado se convirtió en protagonista y centro del proceso de enseñanza-aprendizaje en todos los niveles educativos, por lo que las y los docentes universitarios del siglo XXI no solo se ven llamados a determinar temáticas específicas propias de su área, sino que también a conocer el contexto cultural de sus cursos, manejar estrategias didácticas, planificar estrategias de evaluación y escoger los instrumentos más adecuados para estas instancias, por lo tanto el rol que cumplen debe estar enfocado en el aprendizaje y no tanto en la enseñanza. De este modo, nos enfrentamos al tránsito a una docencia enfocada en entregar herramientas para la construcción de aprendizajes, lo que conlleva a generar ambientes emocionalmente seguros y adecuados para desarrollar habilidades transversales en el estudiantado. Lo anterior nos desafía como docentes a no solamente apoyar el desarrollo de habilidades cognitivas, sino que también de las habilidades emocionales de nuestro estudiantado, las cuales sin lugar a dudas son posibles de promover en nuestras clases. Todo esto con el objetivo de formar personas integrales en las instituciones educativas del país.

Ahora bien, el desarrollo emocional estudiantil tiene su correlato en la emocionalidad de las y los docentes y cómo esta, a su vez, se relaciona con el aprendizaje del estudiantado. El éxito del docente universitario no solo responde al dominio de contenidos y estrategias de enseñanza-aprendizaje, sino que también a la capacidad de adaptarse y tomar en consideración las necesidades del estudiantado. Las habilidades cognitivas constituyen un factor importante en la formación universitaria, pero no hay que soslayar el rol trascendental de las emociones y los sentimientos, puesto que la efectividad y calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje tienen relación con las competencias sociales y emocionales docentes. Las competencias socioafectivas que se espera observar en un docente son conocimiento de sí mismo, autorregulación emocional, expresión de emociones, autoestima, empatía, entre otras.

Por otro lado, se ha demostrado que los aspectos emocionales de los equipos docentes comprometen su desempeño diario y el aprendizaje de sus estudiantes. Se ha identificado que altos niveles en el desarrollo de habilidades emocionales permiten crear ambientes adecuados para un efectivo aprendizaje. El “sentirse bien” es un aspecto de la vida sobre el cual se ha reflexionado a lo largo de la historia, pero el interés científico por estudiar el bienestar es reciente y toma importancia por sus efectos en la salud, relaciones sociales, desempeño académico, entre otros.

Las experiencias que ofrece la universidad (académicas, físicas, espirituales y sociales) se convierten en referente directo para evaluar la satisfacción del estudiantado. En este sentido, este se siente satisfecho cuando ve que sus expectativas fueron atendidas o superadas. Por ello, el proceso educativo, la interacción con el o la docente y el conjunto de servicios disponibles en el campus, son elementos que el estudiantado evalúa al momento de elaborar su opinión sobre la universidad. Como se observa, la satisfacción estudiantil posee diversas facetas de análisis, siendo la satisfacción académica una de las más importantes.

Lo anterior, también se explica porque el aprendizaje y el desarrollo se produce en la interacción con otros, las emociones no se configuran de manera individual sino que son producto de las relaciones sociales con otras personas. En esta misma línea, existe una relación entre la razón y las emociones, puesto que estas últimas se despliegan de acuerdo a la comprensión que hacen las personas del mundo, lo que a su vez se sustenta en la teoría vigotskyana que señala que las personas somos constituidas por los contextos y prácticas culturales en las que nos movemos (Toledo y Bonhomme, 2019). Bajo esta perspectiva, cabe preguntarnos qué ocurre entonces con las emociones del estudiantado y docentes dentro del contexto de enseñanza aprendizaje.

La satisfacción académica puede explicarse como el placer, gusto o deleite que siente el estudiantado por sus quehaceres académicos dentro de una carrera con la que se identifica y busca desarrollar sus habilidades. La satisfacción académica se ha convertido en un aspecto fundamental al momento de evaluar el proceso de adaptación, el índice de permanencia, la sensación de bienestar y el porcentaje de egresados universitarios.

Entonces, para conocer la satisfacción del estudiantado es necesario estudiar el rol docente y prestar atención a los vínculos interpersonales que se establecen entre ellos. Como esta interacción configura un sistema integrado de vínculos humanos tan complejo que no se limita al plano cognitivo, las habilidades emocionales (empatía, solución de problemas, flexibilidad, tolerancia, optimismo, seguridad, entre otras) constituyen un aspecto importante del proceso educativo y que, según análisis previos, los y las docentes universitarias deben mostrar para ofrecer experiencias de aprendizaje gratificantes.

Según el estudio de Daniel y Ana Luisa Tacca Huamán, y Renso Cuarez Cordero, al ser el estudiantado el centro del proceso educativo, el docente es parte fundamental en el aprendizaje y cumplimiento de expectativas, y las habilidades emocionales juegan un rol notable en la interacción docente-estudiante, por tanto plantean como hipótesis que la inteligencia emocional del docente influye en los niveles de satisfacción académica, por lo que el objetivo central de la presente investigación fue conocer la relación que existe entre la inteligencia emocional de los docentes, según el enfoque de Bar-On, y el nivel de satisfacción académica de los estudiantes universitarios.

Los resultados muestran que existe correlación positiva entre la inteligencia emocional del docente y la satisfacción académica del estudiante. Asimismo, se observa que la correlación entre satisfacción académica y el componente interpersonal (relaciones interpersonales, responsabilidad social y empatía) es mayor respecto de las correlaciones con los otros componentes. Sin embargo, es importante mencionar que los componentes manejo de la tensión e intrapersonal también obtienen índices de correlación positivos y altos con la satisfacción académica.

Si bien los antecedentes no relacionan directamente las variables del presente estudio, los hallazgos expuestos refuerzan la importancia de la inteligencia emocional del docente en el proceso educativo y en la interacción docente-estudiante. Las habilidades emocionales, específicamente las interpersonales, permiten al docente construir y sostener en el tiempo relaciones de entendimiento y empatía mutuo con las y los estudiantes, pertenecer al grupo y demostrar cooperación por el bien de todos, comprender y apreciar las emociones y sentimientos, comprometerse con el desempeño académico del estudiantado y crear ambientes adecuados para el aprendizaje y la satisfacción académica. Se podría decir que el desarrollo de habilidades emocionales en las y los docentes se traduce en indicadores positivos de la satisfacción académica.

Los resultados indican que los docentes con mayor inteligencia emocional reportan mayor satisfacción en los estudiantes. Quizás la inteligencia emocional no es la única variable que pueda explicar dichas puntuaciones en la satisfacción académica, ya que como menciona Abanto (2000), la inteligencia emocional está relacionada con otras variables como la capacidad intelectual cognoscitiva, factores personales de la conducta, entre otros.

Lo cierto es que, según la evidencia, la inteligencia emocional puede ser un indicador para evaluar el potencial de éxito en el desempeño de los docentes universitarios. Además, se han encontrado diferencias significativas en la satisfacción académica cuando se comparan los resultados según la edad. Los docentes de mayor edad parecen lograr mayor nivel de satisfacción académica, de allí la importancia de la experiencia profesional y la experiencia de vida.

A modo de conclusión, y según los resultados expuestos, la relación entre la inteligencia emocional del docente y la satisfacción académica del estudiante es positiva. No se ha encontrado evidencia para asegurar diferencias en la inteligencia emocional según el sexo de los docentes, pero sí en cuanto a la edad.

El área de Calidad Educativa, junto con el departamento de Desarrollo Docente de cada universidad, debieran promover el desarrollo de habilidades emocionales en los profesionales que están ejerciendo la docencia actualmente. Esto con el objetivo de mejorar la formación emocional y promover el empleo de este tipo de habilidades durante el proceso de enseñanza-aprendizaje. También sería aconsejable revisar las mallas curriculares de todas las carreras para asegurar que los futuros profesionales y también futuros docentes universitarios, desarrollen las habilidades técnico-científicas propias de la carrera, así como habilidades emocionales que permitan, según Abanto (2000), un manejo exitoso de las exigencias del entorno.

Les invitamos a revisar la siguiente infografía que resume la investigación mencionada anteriormente:

Además les invitamos a revisar algunos recursos sugeridos en relación a la temática:

Les invitamos a estar atentos y atentas a nuestros eventos, ya que PROXIMAMENTE VIENE UN ESPACIO DE FORMACIÓN SOBRE ESTA TEMÁTICA. 

Referencias:

Bonhomme, A. y Toledo.C (2019). “Educación y emociones: coordenadas para una teoría vygotskiana de los afectos”. Revista Escolar y Educacional, (1-7).

Tacca, D., Tacca, A., & Cuarez, R. (2020). Inteligencia emocional del docente y satisfacción académica del estudiante universitario. Revista Digital de Investigación en Docencia Universitaria, 14(1), e1085. https://doi.org/10.19083/ ridu.2020.887